Su sonrisa carecía de gracia. Sin arrugas que apreciar. Solo un pequeño hoyuelo para admirar. Aun así sus ojos parecían secos y sus dientes (aun mas) muertos. Mas odiar su ignorante caminar y saber el final de la historia, quienes seriamos nosotros los personajes invitados en este lugar.
Su cabello tan fino y su nombre tan vulgar (o al revés).
Ella era una persona flemática pero de la que no se dejaba de admirar.
Cuando desvié mi vista al reloj la comencé a extrañar. Súbitamente alce mi vista a ella para recordarla.
¿Que haría yo sin su honesta belleza, sin sus cansinos ojos adormilados en pleno día?
Cuando se me insinúa a despedirse, sentí la necesidad de verla por la mañana, despeinada y así admirar de su desnuda alma que carecía de amor, pero ni se le notaba.
Cuando se acerco a mi mejilla (en son de despedida) la tome de su delicada mano y la mire con ojos que yo desconocía en tal momento, su boca entre abierta suspiro una respuesta que en nuestro amanecer yo escucharía...