martes, 10 de julio de 2012
Narciso
Trato de despojarse de su piel tirándose a una tina con agua hirviendo. Espero. Con sus largos dedos comenzó a sacarse largos pedazos de su propia piel. Ya no sentía dolor ya se había transformado en perseverancia en la cual ninguna otra persona común y ordinaria lo volvería a insultar. El ahora era perfecto. Ya no existía la manera de que lo insultaran, ni por su color de piel, ni por su color de cabello o lo velluda que era su piel ya que ahora el era perfecto. Su nombre ya no era el de antes, demasiado común para alguien como el, si no mas bien era Narciso el del 7mo piso o como el le gustaba que le dijeran "el perfecto hombre en vida de una ilustracion del cuerpo humano".
jueves, 23 de febrero de 2012
Nuestros invitados somos nosotros dos...
Su sonrisa carecía de gracia. Sin arrugas que apreciar. Solo un pequeño hoyuelo para admirar. Aun así sus ojos parecían secos y sus dientes (aun mas) muertos. Mas odiar su ignorante caminar y saber el final de la historia, quienes seriamos nosotros los personajes invitados en este lugar.
Su cabello tan fino y su nombre tan vulgar (o al revés).
Ella era una persona flemática pero de la que no se dejaba de admirar.
Cuando desvié mi vista al reloj la comencé a extrañar. Súbitamente alce mi vista a ella para recordarla.
¿Que haría yo sin su honesta belleza, sin sus cansinos ojos adormilados en pleno día?
Cuando se me insinúa a despedirse, sentí la necesidad de verla por la mañana, despeinada y así admirar de su desnuda alma que carecía de amor, pero ni se le notaba.
Cuando se acerco a mi mejilla (en son de despedida) la tome de su delicada mano y la mire con ojos que yo desconocía en tal momento, su boca entre abierta suspiro una respuesta que en nuestro amanecer yo escucharía...
Su cabello tan fino y su nombre tan vulgar (o al revés).
Ella era una persona flemática pero de la que no se dejaba de admirar.
Cuando desvié mi vista al reloj la comencé a extrañar. Súbitamente alce mi vista a ella para recordarla.
¿Que haría yo sin su honesta belleza, sin sus cansinos ojos adormilados en pleno día?
Cuando se me insinúa a despedirse, sentí la necesidad de verla por la mañana, despeinada y así admirar de su desnuda alma que carecía de amor, pero ni se le notaba.
Cuando se acerco a mi mejilla (en son de despedida) la tome de su delicada mano y la mire con ojos que yo desconocía en tal momento, su boca entre abierta suspiro una respuesta que en nuestro amanecer yo escucharía...
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